21.8 C
Necochea, Argentina
lunes, diciembre 10, 2018

MONUMENTO A MARIANO NECOCHEA

Nació en Buenos Aires, el 7 de septiembre de 1792, hijo de don Francisco Casimiro Necochea, español y doña María Mercedes Sorasa y Tirado, porteña. Los 56 años de vida que tuvo (1792-1849), fueron de una arrolladora intensidad.

En 1802, fue enviado a Sevilla, donde recibió una sólida instrucción en matemáticas, humanidades e idiomas.

Salió para Buenos Aires el 14 de noviembre de 1809 y llegó a su tierra en vísperas de la Revolución de Mayo. Debido a la muerte de su padre regresó para hacerse cargo de los negocios de la familia.

SU VIDA AMOROSA

Y sus bellos y grandes ojos claros, junto a su estampa guerrera, enamoraron a más de una mujer porque entre batalla y batalla, también se daba tiempo para encuentros amorosos y pasionales.
Entre sus mujeres, se encuentra Pepita Marquiegui, que no era cualquier Pepita, sino la mujer del jefe enemigo Pedro Antonio de Olañeta. Se conocieron en 1814 y mantuvieron una corta y apasionada relación.
Tres meses más tarde, Mariano se enamora perdidamente de María Dolores Puente, de 17 años. Se casaron por poder un año después y tuvieron una hija, Benjamina.
En 1817, conoció a la joven Josefa Sagra, esposa del Coronel realista Morgado. A Josefa, también le decían Pepa, pero su marido, era más peligroso que el anterior y le disparó un balazo que fue a dar en la mano de Mariano.
Pepa Sagra, al quedar viuda en 1819, viaja al Perú para encontrarse con el General Necochea. Vivieron en Lima hasta su muerte ocurrida en 1849 en Miraflores, Perú, donde aún se encuentra su tumba.

En Perú, Mariano Necochea es reconocido como guerrero de la independencia peruana y fue nombrado Gran Mariscal en 1834, la más alta distinción de este país.

SU RELACIÓN CON LOS MASONES

En Buenos Aires, Mariano Necochea se inició como Masón en 1812, cuando sorpresivamente, según la Historia Oficial, dejó su trabajo de comerciante y se incorporó al Regimiento de Granaderos a Caballos.
Integró la Logia Lautaro, la Logia del Ejército de los Andes, la Logia Perfecta Unión de Perú y el Capítulo Regeneración de la Ciudad de Lima.
El día 12 de octubre de 1881, un grupo de vecinos, fundan la ciudad de Necochea. La mayoría de ellos pertenecían a la logia Sol Argentino 160, una institución pública legalmente constituida. El acta de fundación de la ciudad invoca la protección del G.A.D.U. (Gran Arquitecto del Universo) y las firmas de la mayoría de los que suscribieron al acta, entre ellos los vecinos De la Canal, Murga y Pedro José Iraola, le agregan a la firma el símbolo masón de tres puntos.
Ellos eligen el nombre de Mariano Necochea reconociendo su pasión por estos ideales.
Dos célebres masones también intervinieron en los inicios de la ciudad de Necochea: José Hernández, el autor del Martín Fierro, como legislador, impulsó el proyecto de expropiación de las tierras donde se fundaría la ciudad y Dardo Rocha, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires.

En la actualidad muchos edificios y espacios públicos llevan el nombre de masones o tienen sus símbolos. Ejemplo de ello son: la biblioteca pública Andrés Ferreyra, la Diagonal, el Puente Colgante, el frente del Cine Teatro París; la orientación hacia el poniente del monumento de Mariano Necochea ubicado en la Plaza Dardo Rocha; los símbolos que se encuentran en la esquina de Santurtún (calles 57 y 60); la coincidencia numerológica de ciertas esquinas o los frentes de diversos casas que fueron edificadas por la gran familia de masones que fundó el pueblo.

En 1812 hubo un cambio drástico en su vida, dejó el floreciente comercio exterior familiar para ingresar como alférez en el Regimiento de Granaderos a Caballo formado por el General San Martín.

A partir de entonces, se destacó en las siguientes batallas en las que participó por su heroicidad y valentía junto a las mismas cualidades de sus granaderos. Fué promovido a teniente, el 24 de septiembre del mismo año.

Su vida Militar

Estuvo en el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, y por su actuación mereció ser ascendido a ayudante mayor.
Se hallaba en Santa Fé, con una compañía de granaderos, cuando recibió la orden que debía marchar con destino a Tucumán para incorporarse al regimiento, ya que San Martín había sido designado jefe del Ejército del Norte.
Luego fue destacado para prestar servicios en la vanguardia de las tropas que debían apoyar los restos del ejército de Belgrano a las órdenes del general Rondeau. Marchó  más tarde hacia el norte destacándose por su coraje en el encuentro del Tejar, el 26 de enero de 1815, donde se salvó de caer prisionero por la desmesura de su arrojo.
Así describe Yaben el hecho: “El jefe de vanguardia de las fuerzas del Alto Perú, Cnl D Martín Rodríguez fue sorprendido por una división española y capturado con su fuerza en el Tejar; cuando se realizó la sorpresa, el capitán Necochea resistió en un corral de piedra con 25 granaderos, mas al ver la inutilidad de sus esfuerzos, monta su caballo en pelo y como un rayo se lanza sobre la caballería enemiga, partiendo en dos la cabeza de un bravo soldado que intenta detenerlo y esgrimiendo siempre su ensangrentado sable, se abre paso a través de las tropas realistas, siendo el único que escapa de aquella sorpresa, gracias a su arrojo temerario”.
Estuvo en Venta y Media y Sipe Sipe, donde  luego de un brillante desempeño, fue herido durante la retirada del ejército sucedida la derrota, y estuvo a punto de ser víctima de los lugareños prorrealistas siendo salvado por el Cnl Hilarión de la Quintana.
Tras esa campaña en el Alto Perú, se trasladó a Mendoza para integrar las fuerzas que preparaba San Martín en el campamento del Plumerillo.
Tenía el grado de sargento mayor cuando comenzó la campaña a Chile. En el cruce de los Andes formó la vanguardia de la columna al mando de O’Higgins y tuvo los primeros encuentros con los realistas.
Se distinguió en la batalla de Chacabuco, y en el parte que San Martín envió al gobierno señaló que el comandante Necochea, con su 4to Escuadrón y su escolta cayó por la derecha haciéndoles un estrago terrible.
Fue enviado más tarde al sur de Chile, concurriendo al asalto de la plaza de Talcahuano, el 6 de diciembre de 1817, estuvo en Cancha Rayada y en la batalla de Maipú, donde recibió una herida de importancia en la mano derecha.
Por su actuación en 1818 fue promovido a coronel graduado, obteniendo también la condecoración de la “Orden del Mérito” de Chile. Continuó con San Martín la campaña del Perú, participando en la ocupación de Lima y del Callao, obteniendo el grado de general de brigada en 1821.
Retirado San Martín después de la entrevista de Guayaquil, continuó prestando sus servicios a las órdenes de Bolívar, quien en febrero de 1824, lo designó gobernador de Lima, labor en la que tuvo como secretario general de gobierno a Tomás Guido.
Participó en muchas acciones de guerra, y acreditó en todas partes su arrojo temerario.
En la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824 cayó en poder de los españoles con siete heridas de lanza siendo rescatado por Manuel Isidro Suárez, quien decidió la batalla con una oportuna carga de los escuadrones que mandaba. Bolívar hizo constar en el parte su heroísmo, con las siguientes palabras: “Necochea se arrojó a las filas enemigas con una impetuosidad heroica” recomendándolo a “la admiración de América”, por lo que fue ascendido a general de división.
Repuesto de sus heridas, luego de Ayacucho, Bolívar le encomendó la dirección de la Casa de Moneda de Lima pero en 1826 fue detenido bajo el cargo de conspirar contra el Libertador  de la Gran Colombia sin que se le probara cargo alguno. Agraviado, decidió abandonar el Perú no sin antes devolver los despachos de general y algunos valores que poseía.
Al regresar a Buenos Aires, le sorprendió la noticia de la guerra del Brasil designándolo Rivadavia jefe de las fuerzas de reserva reunidas en la Capital, además de ser designado coronel del Cuerpo de Voluntarios denominado “Húsares defensores del honor nacional”, el 20 de diciembre de 1826. Pidió ser enviado al frente de operaciones, pero al no lograrlo regresó al Perú.
A raíz de haber roto Perú relaciones con Colombia, volvió a Buenos Aires, donde solicitó un puesto en el Ejército  de Operaciones, pero el gobierno se contentó con dárselo en la frontera sur, destino que declinó.
En 1829 regresó al Perú, fue deportado a Bolivia y en 1831, retornó una vez más allí en virtud de una ley de amnistía, a cuyo beneficios se acogió. Volvió a ocupar la dirección de la Casa de Moneda.
Al estallar la guerra civil en 1831, el gobierno le dió el mando del ejército y en ese carácter, marchó sobre la capital donde se encontraba el presidente Obregoso. En 1834 se le confirió la más alta distinción peruana, el grado de gran mariscal.
Víctima por tercera vez de la proscripción, se vió obligado a refugiarse en Chile. Allí pasó serias necesidades y sufrimientos hasta que en el Perú fue repuesto en sus grados y honores, y volvió a ocupar la dirección de la Casa de Moneda.
Desde fines de 1845, los padecimientos de Necochea, ocasionados por una grave enfermedad pulmonar, como consecuencia de las heridas recibidas en Junín, fueron permanentes. Sanchez Zinny afirmó que el lanzazo recibido en tan cruento combate, que le atravesó el pulmón izquierdo, fue causa de la consunción que se exacerbó en el año citado.
En la primavera de 1848, se estableció en la casa donde le sorprendió la muerte, en el entonces caserío de Miraflores, 5 Km al sur de Lima, hoy parte integrante de la gran Lima, el 5 de abril de 1849.
Al conmemorarse el centenario de su fallecimiento la república hermana del Perú lo declaró prócer nacional y sus restos mortales, que reposaban en un dignísimo mausoleo levantado por suscripción pública, fueron trasladados al Panteón de los Próceres.
Yaben cierra su biografía recordando un largo fragmento de la justiciera semblanza que Angel J. Carranza hiciera de Mariano Necochea del que extraemos estos conceptos: “Figura gallarda, maneras cultas y desenvueltas, cabello ondeado y renegrido, barba tupida, rostro significativo y mirada magnética, cualidades que reunía una salud de bronce, fuerzas hercúleas, destreza suma en el caballo, y más que todo, una gigantesca reputación de valiente …”
“Huracán de furor en la refriega, cuanto benigno en los cuarteles, poseía en alto grado el secreto de aguerrir y hacerse adorar por sus soldados”.

“Patriota sin exageración, subordinado sin humillación, reflexivo antes de resolverse y resuelto sin consultar peligro, su vida era la vida de la Patria. Necochea era el soldado de toda hora y el general en el vivac”.

BIBLIOGRAFIA

EDUARDO F. SANCHEZ ZINNY, Historia del General Mariano Necochea, La Plata, 1939, 2 ts.
RAMON PEREZ DEL VISO, General don Mariano Necochea. Síntesis biográfica, Santa Fé, 1949.
FEDERICO A. GENTILUOMO, Necochea. El General romántico, Tucumán, 1951.
CARLOS ALBERTO SALAS, Muerte y glorificación del Gran Mariscal Mariano Necochea, en La Nación, 16 marzo de 1961.
GUSTAVO MARTINEZ ZUVIRIA, Los tiempos de Mariano Necochea, Bs. As., 1961.

A poco tiempo antes de cumplirse, estimativamente dos años, los cien años desde la Revolución de Mayo la República Argentina estaba colmada de proyectos sobre los festejos a desarrollarse en esa fecha magna, la Ciudad de Buenos Aires además de ser su capital, era el centro cultural del país y se preparaba para este acontecimiento único. Ese fue el motivo de varios emprendimientos entre los que se destacó la Exposición Internacional del Centenario, la visita de destacadas personalidades sobre las cuales recayó la categorización de visitantes ilustres; entre ellos el presidente de Chile, el vicepresidente de Perú, la Infanta Isabel de Borbón, en representación del Rey de España Alfonso XIII, Ramón del Valle Inclán, Vicente Blasco Ibáñez, representantes de Alemania, España, Paraguay, Japón, Estados Unidos.

El programa de actos incluyó la realización de varios congresos internacionales, entre ellos el de Americanistas y uno feminista.

Otro emprendimiento fue la construcción de monumentos por lo cual se invitó a artistas de todo el mundo a participar en sus proyectos y construcción, este trabajo recayó en la segunda Comisión del Centenario formada en el año 1909. El 8 de febrero de 1909 se sanciona la Ley 6286 sobre la celebración de la Revolución de Mayo, en la que se mencionan los monumentos y estatuas que se pensaba erigir[1].

[1] De la Revolución en la Plaza de Mayo, a la Asamblea de 1813, a la Bandera, a España, al Congreso de 1816, a Mariano Moreno, a San Martín, a Necochea, entre otros.

Víctor Garino (1878 — 1958)

Pocas personas ilustres y actores referentes de grandes y permanentes obras  hay,  en este caso de arte, de las que resulte tan difícil hallar una biografía que se precie, como sucede con el autor del monumento a Necochea.  Se sabe que nació en Buenos Aires 1878; que estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes; que se perfeccionó en Europa. Fue profesor de plástica en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

Fue autor de unas notables obras escultórica que han merecido numerosos premios. Fue partícipe en los cuadros escultóricos del monumento al Ejército de los Andes en Mendoza; le fueron adjudicadas  —aunque después esa designación quedó sin efecto— la realización de las figuras en el Monumento a la Bandera en Rosario, y a su arte, según se ha dicho, una primera trilogía entre los mejores monumentos de próceres de nuestro país: el de Belgrano en Jujuy, el de Güemes en Salta y —afortunadamente— el de Necochea en nuestra ciudad.

El monumento al Ejército de los Andes

En el Tomo 2º de la Dirección Nacional de Arquitectura  existente en el Archivo General de la Nación  hay un expediente  —sin numeración—  que, al abordar  la obra del escultor Víctor Garino, comienza con una precisión  sobre el emplazamiento del monumento al Ejército  de los Andes, para continuar  luego expresando:

El proyecto fue reactualizado veintiún años más tarde, por Ley Nacional Nº 6286 de febrero de 1909, conocida como “Ley de Conmemoración del Centenario de la Revolución de Mayo”, que disponía en uno de sus artículos: <Levantar en la ciudad de Mendoza un monumento  al Ejército  de  los Andes>.  A mediados  de  ese mismo  año  se  adjudicó por concurso el trabajo al escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari. Acompañaron en el plasmado de la obra los escultores Juan Carlos Oliva Navarro, Víctor Garino (….)

Así es que el monumento del Cerro de la Gloria  (Mendoza), fue proyectado  en el año 1888. Esperó —como informa el expediente— 21 años para su concreción. Y recién en 1909,  aprovechando  la conmemoración de los 100  años, se puso en marcha. Si tomáramos en cuenta la fecha —y la oportunidad— de su construcción, el monumento a Necochea no sería el único, sino uno de los varios monumentos erigidos en oportunidad del Centenario en el interior de la República.

El monumento al Ejército de los Andes no pudo inaugurarse para el Centenario.  Se mostró  al público recién el 12 de febrero de 1914, caso similar pasó con el monumento al Gral. Necochea el cual recién fue emplazado en el año 1913, en este caso la demora se produjo por atrasos en los pagos pactados.(*)

(*) La demora en finalizar su basamento y el tiempo transcurrido en la estación del FF.CC Ayacucho donde se lo estacionó por su peso y dimensiones y dificultades en el acarreo. Necesitó ser llevado solo en una plataforma sin otros vagones.

 

 

 

 

 

El monumento al Ejército de los Andes no pudo inaugurarse para el Centenario.  Se mostró  al público recién el 12 de febrero de 1914, caso similar pasó con el monumento al Gral. Necochea el cual recién fue emplazado en el año 1913, en este caso la demora se produjo por atrasos en los pagos pactados.[1]

[1] La demora en finalizar su basamento y el tiempo transcurrido en la estación del FF.CC Ayacucho donde se lo estacionó por su peso y dimensiones y dificultades en el acarreo. Necesitó ser llevado solo en una plataforma sin otros vagones.

Escultor Alejo Joris

(Champery/Suiza 9.10.1865 – Villa Ballester 1951)

Una nota del 15 de mayo de 1914, realizada al escultor por la Revista Fray Mocho, con el título “Una Maquette en danza”, dice en una parte subtitulada: “En el palomar artístico de la calle Malabia”. (…..)

Soy suizo-francés, con veinticuatro años de residencia en este país, al que llegué semanas antes de estallar la revolución de 1890. Estudié en Múnich. – Alemania (….)

 En la misma ciudad de Múnich, ingresé a su mentada Academia de Bellas Artes, previo concurso de Admisión.(……)  un busto del coronel Julio Campos (….). Este trabajo me valió entrar al Arsenal de Guerra, como encargado de la fundición artística, permaneciendo en ella hasta que la salida del señor Martínez Campos de aquel establecimiento me obligó a seguirle. Tuve en el señor Emilio Duportal un amable mecenas. Encárgame él su busto. Este y un boceto de monumento a la independencia, lo presenté al concurso de la exposición artística, organizada por el extinguido Ateneo, obteniendo una mención honorífica por mis trabajos. Yo no soy un Rodin, pero tampoco puedo considerarme como modelador de mascarones para frontis de edificios. Yo también tengo obra, y obra muy mía, Me pertenece el busto a Olavarría en el pueblo del mismo nombre. El busto al coronel Lorenzo Lugones, en Santiago del Estero, el monumento a Fray Cayetano Rodríguez, emplazado en San Pedro, y otras obras”.

Este escultor realizaba y ejecutaba obras propias y de otros artistas en su taller de fundición. Además de las mencionadas anteriormente por el artista, pude encontrar otras obras de su autoría y de otros artistas ejecutadas en su taller, como éstas que ahora destaco: Busto del Coronel Juan Isidro Quesada (1902); Busto de Antonio Zinny (1907); Monumento al Dr. Ángel Justiniano Carranza (1908); Busto de Hilario Ascasubi (1914); Monumento al General Mariano Necochea, en Necochea; obra del escultor Garino (1912); Monumento al tambor de Tacuarí, en la Plata (1914) y el Monumento a San Martín, en la localidad de San Martín, obra del escultor Cardona(1915)

Ese “ensamble” de notables escultores y destacados esfuerzos (el de erigir monumentos en una incipiente y joven nación) hicieron posible la concreción del Monumento al Gral. Mariano Pascual Necochea; ¿Qué decir de su figura sin ser redundante o reiterativo?, solo recordaremos en su memoria las palabras de Domingo Faustino Sarmiento “para trazar la biografía del General Necochea sería preciso escribir la historia militar de tres pueblos, que son hoy repúblicas independientes”. Sarmiento se refería a La Argentina,  Chile y Perù.

Sobre el monumento al Gral. Necochea deseamos dejar asentado que en su fundición el escultor Joris utilizó el material de dos cañones de la guerra de la Independencia aportadas por el Arsenal de Guerra donde él se había destacado en sus labores.

Reclamos Necochea